Adiós, lentes…

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Adiós :’3

Me acompañaron por muchos años. Estos, los últimos, los conservé más tiempo del que su vida útil indicaba. Trizados y con un injerto de patas de recambio, seguían siendo mi conexión confiable con el mundo de lo visible.

Pero ya no más.
Hace unas semanas me atreví a pasar por una operación de correción de córnea, un procedimiento llamado Lasik.

Les contaré mi experiencia por si hay alguien en la audiencia a quien le pueda interesar y que esté considerando un tratamiento como este.

Comencé este proceso a través de una fundación oftalmológica llamada Los Andes, ubicada en la parte más alta de Santiago. Quería averiguar si era posible operarme los ojos y qué tipo de procedimiento sería adecuado para mí. Como yo iba a través del sistema público, me atendí en el policlínico de la fundación, con una consulta a beneficencia. Explico esto porque también existe la posibilidad de atenderse de modo privado, pero ese no era mi caso.

La verdad es que aún tenía muchas inquietudes sobre realizarme cualquier tipo de corrección en los ojos, no sabía si el cambio sería realmente notorio o cuánto tiempo tendría de vigencia (considerando que en unos veinte años más igual debía usar lentes por presbicia). Mis lentes me habían facilitado la vida muchos años y no tenía grandes problemas por usarlos, no era como que odiara usar lentes, pero sí era plenamente consciente de que mi visión no era buena y que los lentes no podían hacer mucho más por mejorarla. Tenían un límite y no era pequeño.

Tras la primera consulta, me enviaron a hacerme exámenes. Estos no tenían un costo establecido para quienes se atendían por el policlínico, pero sí era necesario dejar un donativo. Fueron cuatro máquinas las que se encargaron de revisar en profundidad mis ojos y el grosor de mi córnea. El oftalmólogo a cargo quería evaluar si colocarme un lente intraocular o solo corregir con el sistema Lasik. Cuando la persona que me estaba realizando los exámenes me comentó esto, se me revolvió un poco el estómago, porque lo del lente intraocular me daba mucho más miedo que el laser.

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El misterioso y desconocido mundo de los ojos

Aparte de las máquinas, también me pusieron unas gotitas que dilataban las pupilas y… nadie me había avisado que eso iba a pasar, y en verdad deseé haber ido acompañada ese día. Empecé a ver muy borroso y no podía controlar la luz que entraba a mis ojos, así que todo era brillante y terrible. Miraba mi mano y veía cómo se iba distorsionando a medida que las gotitas hacían efecto. Supongo que debe ser parecido a estar drogado.

El efecto me iba a durar todo el día y de alguna forma logré salir de la consulta con los ojos entrecerrados para no sufrir por la luz, y tomar la micro correcta que solo distinguí por el color, porque todo era borroso y no podía leer absolutamente nada. Miraba mi celular y era una mancha. Pero pude volver a mi casa a salvo.

Tras los resultados, el oftalmólogo a cargo dijo que me podían operar con el procedimiento Lasik y que no sería necesario el lente intraocular. Que mi grado de astigmatismo justificaba una intervención de esa naturaleza. Así que fui a buscar la cotización de la operación con la Coordinadora.

Los valores dependían de convenios con otras cosas, así que no puedo decir que el valor fuera fijo. En mi caso, cada ojo salía 150.000 pesos chilenos (alrededor del 20% del valor en un centro privado) y si los operaba a la vez, había un descuento y quedaba en 280.000. La Coordinadora me dijo que en cuanto reuniera el dinero y cancelara la operación, me colocarían en la lista de espera.

Bueno, yo pensaba que esta lista de espera iba a ser una cosa eterna y que estaría meses preguntándome cuándo sería mi turno. Además que allá se pagaba solo en efectivo y por seguridad, la Coordinadora me dio los datos para hacer una transferencia electrónica. Y le envié un mail y no tuve ninguna respuesta en varios días. Llamé al centro y nadie me pasaba a la Coordinadora en la línea. Fui temprano a averiguar y la Coordinadora revisó si ya me habían hecho la factura, me la entregó y me envió a hablar con otra señorita (quizás era tecnóloga o enfermera) y ella me anotó en un cuaderno… y me fijaron la operación para la semana siguiente.

Esto fue muy chocante para mí. Así que tuve que preparar varias cosas los días siguientes, dejar mi pieza ordenada y oscurecida, con espacio para poner lo que fuera a necesitar cerca (gotitas, pañuelos, etc.), buscar unos lentes oscuros que me protegieran totalmente la zona de los ojos y hacerme a la idea.

La citación fue a las 8:00 AM del 29 de novimebre, y debía ir desayunada, porque me darían un antibiótico. Me organicé para tomarme mi remedio de la tiroides a las 6:00 y así comer algo al llegar, ya que hay un upa! (estos servicentro de las gasolineras) cerca de la fundación. Mi papá me llevó en auto y se quedó acompañándome.

La operación se realizó en un pabellón del edificio principal. Me dieron un ansiolítico, el antibiótico, y luego de esperar un poco, me llevaron a un box donde me colocaron una bata encima de la ropa, un gorrito y unas bolsas para los pies. Me echaron gotitas y anestesia (en gotitas también) y tuve que esperar, ya que había otras personas antes de mí. Lo bueno es que desde el box podía escuchar la operación de los demás pacientes, y familiarizarme con el procedimiento y las instrucciones que había que seguir.

Luego fue mi turno. La operación es ambulatorio y eso significa que uno debe estar consciente todo el tiempo y esto es importante. La primera parte consistió en el corte de las córneas. Con la anestesia, no sentía nada, y colocan un fierrito que mantiene los párpados abiertos durante el tiempo que se realiza la intervención. Primero preparan un ojo, la máquina se acopla, aplasta un poco el ojo (se siente como que te aplasten cualquier otra parte del cuerpo, nada raro, pero sí es notorio) y la navaja laser pasa. La máquina hacía un sonido como el de una fotocopiadora o un escáner. Luego de esto, trabajan el otro ojo y retiran los fierritos y uno puede cerrar los párpados suavemente.

Una idea errada que yo tenía antes de la operación, era que al pasar la navaja, el trocito de córnea quedaba hacia arriba y la zona a irradiar, expuesta. Pues no, la navaja solo corta, la parte de levantar ese trocito es manual y la realiza el oftlamólogo cirujano con sus instrumentos. Y es la parte más inquietante y desesperante del proceso.

No duele en absoluto, pero da mucha cosa. De algún modo logré quedarme muy, muy quieta, porque era consciente de que cualquier movimiento mío podía ser catastrófico.

Luego me colocaron una tela protectora para la cara, que me pegotearon con cinta porosa, para que nada más se viera afectado por la radiación. Y vino el laser, que no fue más que ver lucecitas. Uno debía centrarse siempre en el punto verde del medio y esto debió durar unos cuantos segundos. Lo que sí sentí fue una especie de cansancio o debilidad, como haber pasado en vela muchos días seguidos.

Después de irradiar un ojo, el oftalmólogo bajaba el trocito de córnea y mojaba con agua para ir repasando con una especie de paleta, a fin de que quedara bien colocado en su lugar. Y seguía con el otro ojo. Al finalizar me colocaron unos protectores de plástico para que no me resfregara por instinto ni me entraran pelusitas. Y salí caminando, despacio claro, pero sin ningún mareo ni nada parecido.

Y no me sentía mal, volvimos al auto y comenzó el viaje de vuelta. Y en medio del camino, cuando ya se me estaba pasando la anestesia, vino el dolor. Primero sentí dolor de cabeza y no lo entendía muy bien, y luego fui consciente de que la luz me molestaba horriblemente. Me cubrí la cabeza con una polera, parecía un secuestro, pero daba igual, porque la luz era una cosa terrible y el dolor iba aumentando a cada instante.

El oftalmólogo me había dicho que no tomara siesta y que tratara de mantener los ojos abiertos el mayor tiempo posible. Pero se me cerraban solos, sentía los párpados tan pesados que tratar de abrirlos era como levantar pesas. Y dolía tenerlos abiertos y también tenerlos cerrados. Me sentía muy mal y quería resfregarme los ojos. Esta fue la parte más dolorosa de todo el proceso.

Pero con las gotitas que me recetaron y el paracetamol, ese dolor fue disminuyendo a lo largo del día. Tenía toda la casa a oscuras y una linterna para ir al baño. Me vino a visitar mi abuela, mi hermana con su esposo y mi novio. A la noche ya no me sentía tan mal y el efecto de las gotitas (un antibiótico y lágrimas artificiales) me permitían tener los ojos abiertos más tiempo.

Tuve control al día siguiente y esta vez tuve cuidado de ir bien protegida del sol durante el viaje. El ofltalmólogo me hizo leer letras y yo apenas podía con las luces, pero pude leer bastante. Me citó para la semana siguiente y me seguí cuidando.

De a poco fui tolerando mejor la luz, pero no podía acercarme a ninguna pantalla porque el brillo era mucho más fuerte. Sobre todo el celular. Así que solo recibía llamadas (¡oh, pero qué uso tan curioso!) y mandaba mensajes de audio.

Era aburrido no hacer nada, ni moverme mucho, solo podía dormir boca arriba porque si me ladeaba sentía una presión molesta, y no podía mojarme la cara a menos que lo hiciera con un algodoncito y mucho cuidado. Escuchaba música y escuchaba la tele. Intenté jugar cartas, pero al principio se me cansaba mucho la vista. Tuve que ser paciente.

La siguiente semana ya veía mucho mejor y era consciente de las diferencias. Al leer no se distinguía tanto porque uno no recuerda cómo veía antes, pero sí podía notar que las cosas eran mucho más nítidas y tenían más detalles. Me pasó observando las manchitas en el metal de una cuchara, y al verme los pies y distinguir en mis uñas la parte blanca de la parte rosada (yo no podía hacer esto antes, ni con los lentes puestos). Veía mucho mejor los detalles y las texturas de las cosas, de las hojas de las enredaderas, de las espigas y colas de zorro que hay en algunos terrenos. También fui consciente de la influencia de la luz en ver más o menos detalles en las cosas (antes no me había fijado en todo lo que cambiaba este simple factor).

Mi ojo izquierdo sigue viendo menos que mi ojo derecho, pero puedo ver mucho mejor que cuando usaba lentes y eso es un enorme progreso. No creía que mi vista mejoraría tanto y me hace muy feliz. Hay que ser un poco valiente para sobrellevar la intervención, pero luego de eso, siguiendo todos los cuidados, el resultado es sorprendente (para uno mismo).

A estas alturas ya puedo usar las pantallas, con el brillo al mínimo, y si bien puedo seguir usando las lágrimas artificiales, en general no siento molestias, así que están por ahí guardadas.

Si ustedes tienen problemas a la vista y la oportunidad de operarse, les recomiendo que investiguen bien y se atrevan. No depender de los lentes, que son frágiles y a veces no pueden corregir todo lo que uno necesita, te puede ortorgar más seguridad y confianza al enfrentarse al mundo. Leer bien los letreros y números de las calles, sin tener que acercarse tanto es maravilloso… hasta podría aprender a conducir…

En fin, esa fue mi experiencia con la operación Lasik. Espero que estén bien y nos vemos en una próxima actualización ;3

EDIT#01: A Enero de 2018, sigo usando las gotitas.
EDIT#02: Ahora mi ojo izquierdo tiene mayor nitidez que el derecho, qué misterioso cómo de a poco se van notando las mejoras y que cada ojo tiene su tiempo diferente de “madurez” :v

2 comentarios sobre “Adiós, lentes…

  1. Que bueno que tuvieras tan buena experiencia con la cirugía. La visión es tan importante e influye tanto en cómo vemos el mundo que cualquier cambio, sobretodo una mejora, es algo significativo. Disfruta tus nuevos ojitos! El tema del brillo irá disminuyendo, y las gotitas hay que seguir usandolas, aun sin molestias, por al menos 3 meses, ya que la intervención provoca una disminución drástica en la sensibilidad corneal, la cual se ira recuperando también :3

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